Me encanta cocinar, me encanta “ver” cocinar y aprender viendo. Desafortunadamente lo más cerca que puedo estar de un maestro de cocina son los programas de cocina de la televisión, como Top Chef en veo7.

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Pero hoy saltando de canal en canal, cuando he vuelto a Top Chef me he dado cuenta de que cada vez hay más programas de juicios, juicios a personas, a comportamientos, a trabajos… linchamientos públicos muchos y simples juicios a vida o muerte otros. Y no me hubiera fijado en esto si no hubiera sentido por un momento que preferiría estar del lado de los que juzgan, el momento en el que una cocinera-concursante -a la que se presupone con experiencia y cierto prestigio- veía como sus tres platos eran “destrozados” por dos jurados y por tanto era expulsada con “deshonor” del programa con argumentos como “no has estado a la altura”. Tendrías que haber visto los platos. Increíbles.

Si fuera por mí, los jueces de hoy serían mañana los concursantes. Que no se nos quede en la cabeza que “juzgar” es una responsabilidad en cualquier circunstancia, la responsabilidad de ser justo, aunque sea ante la posibilidad de sufrir de vuelta una injusticia. Eso y la buena costumbre de ser benevolente con el trabajo de los demás. Porque si no, tú y yo querremos estar únicamente del lado más alto de la mesa, del lado en el que se juzga sin ser juzgado.