Hay listas y listas. Listas en las que uno gusta encontrarse y otras en las que querría. Listas en las que se listan denominadores comunes, listas de denominadores, listas poco comunes y listas descomunales, de agravios, por ejemplo. Listas famosas, de liberados, de supervivientes, listas sencillas como la de la compra, o complejas, como la de cosas que nos quedan por hacer o la de las que debimos hacer. Hay listas en las que por definición uno no desea estar nunca, como en la lista del paro o la de los despidos y listas en las que uno soñaría con estar.

Y de entre las muchas listas hay una escrita en negativo para ser revelada con el tiempo. Una que empezó con Koro Castellano, siguió con Rafa Alique, Emilio Plana, Alvaro Varona, y con Melchor Miralles o Jaime Gutiérrez-Colomer… Una lista en la que abunda básicamente muchísimo talento, talento liberado para otras grandes cosas. Talento y buena gente, amigos a los que uno quiere y admira. Y si bueno fue conocerlos a todos y fue mejor trabajar con casi todos, aunque sea simplemente por las coincidencias temporales, es una fortuna más estar en esa lista: una lista buena.

Hay muchos otros profesionales y amigos que no están en ésta, pero que los tengo en otras listas. Por ejemplo, y sólo como ejemplo, está la lista de “amigos y profesionales a los que sigo, quiero y admiro” en la que además de Koro, Jaime, Emilio y Melchor están también Manolo Álvarez, Germán Gómez, Miguel Cortizo, Onintze Gutiérrez, Enrique Rivas, Daniel Canomanuel, Alfonso Hernández, Pedro Oller… y unos pocos más. Pero son otras listas. Ésta tenía un denominador común muy específico.

Y claro, podríamos decir que Daniel, Daniel Canomanuel, amigo admirado, entra en esta lista. Pero creo que él fué un visionario que antes de todo, antes que nadie, se acogió al mejor ERE de nuestras vidas. Antes de que empezara todo. Antes de que Koro recogiera. Y todo le ha ido bien, como se merece.