Tanto me habían dicho de ‘la larga cola del paro‘ que a las 7:30h ya estaba en la puerta. Noche y frio. Dos estábamos, tres más veinte minutos después y diecisiete en total cuando abrieron las puertas. Ni las colas son ya lo que eran.

‘ -¿Y usted viene a … ?
- Pues claro, señora.
- Qué lástima…
un joven como usted.
- Pues como cualquiera..’

En la buena costumbre que se tiene en toda fila ‘de esperar’ de contar experiencias personales, supe que al Pepe que venía detrás hay una empresa que lleva desde el 98 poniéndolo en el paro dos meses al año. Lo de esa empresa es feo. Lo de que Trabajo lo consienta es de juzgado. El caso es que el Pepe con tal experiencia anual ha sido testigo de cómo la fila ha ido creciendo año tras año los últimos cuatro, tanto que el año pasado daba la vuelta a la esquina. Dos millones de parados no se apuntan en un día. Pero hoy viernes 11 de febrero, sólo estábamos diecisiete, contados, de los que sólo cinco éramos nuevos demandantes. Como si la lista de parados no pudiera ingerir más que lo que ya tiene en el buche.

El caso es que, acostumbrados a la canitdad de trabajo de estos últimos años, en la oficina de Victor Andrés Belaunde están hoy un poco más ociosos, y como la cara de perro es obligatoria en toda oficina pública que se precie de serlo, el cachondeito es mucho más sibilino. Véase el paso “A”, mesa donde atienden a todos los de “hola, ya no trabajo y putalagracia me hace estar aquí.“, ese lugar, ese primer contacto con la oficina, con una realidad del orden de lo triste, en el lugar más visible, los muy cafres ponen a recibir a la prima de Sloth.

Nada tendría que decir de su especial belleza, si no fuera por su mala educación, un feísmo injustificado, imperdonable. Más en un organismo público en el que se tratan situaciones personales ‘delicadas’, ahí ese feísmo es un delito contra la salud pública. Esta mujer es imperdonable, no por su fealdad sino por su feísima mala educación.

“A mi vuestra vida me da absolutamente igual, ya te he dicho lo que tienes que traer. Siguiente.”

A pesar de que al chico Peruano que estaba delante de mi, mientras se quitaba el frio de la hora y media de espera, le había respondido pública y amablemente con un “A mi vuestra vida me da absolutamente igual, ya te he dicho lo que tienes que traer. Siguiente.“,  yo, todo paciencia y condescendencia, con una agradable sonrisa, me siento en aquella silla de mil culos y ella, sin apartar los ojos del ordenador, va y me espeta un: “- ¿Qué quiere?“.

¿Que qué quiero?. Esteee…  ”- Ay, me he debido confundir, esto es el laboratorio del Doctor Moreau, ¿verdad?. ¿Sabría usted decirme dónde está el INEM?“. Con su mismo respeto de usted.

“- Pues verá, se-ño-ri-ta, supongo que darme de alta y solicitar la prestación…“. Y así condenso en ese ‘señorita’  toda respuesta a tanta mala educación. Claro que no le hizo cuenta, me dió los papeles balbuceando no sé qué sobre rellenar y fotocopias, puso siete crucecitas y me mandó a la siguiente mesa donde una funcionaria de la Comunidad de Madrid me atendió amablemente, comprobó mis datos, me dió mi papelito y se despidió con una sonrisa y un “gracias a usted y suerte“.

El lunes toca volver,  pero eso es otra historia, esa de “le falta el papel de…” así que el lunes me toca la “B”. Pero casi casi casi consigo hacerlo todo en una mañana, aunque si o si, hoy me he convertido en el español 4.231.004 de las estadísticas del desempleo. Aunque esto me va a durar a mí ná de ná. Lo que viene a durar hoy en día un divorcio. :D