La culpa la tiene la maleta, que a qué va y se rompe cuando su obligación es aguantarlo todo, llevarlo todo, cargar con todo. ¿Acaso no está hecha para eso, para ser zarandeada, vapuleada, empujada, golpeada, amontonada, tirada, lanzada, machacada, estrujada, martilleada…?

Y luego vamos y nos quejamos de los que las cargan y mueven de aquí para allá, y qué culpa tendrán los operarios de las maletas (que supongo no se llamarán “maleteros”) de que la absurda maleta no aguante un delicado empujoncito de ná al ponerla con todo el cariño en la cinta, o en el carrito, o en la bodega del avión.

La mía, por ejemplo, no aguantó que la lanzaran desde los 5.000 y al quinto bote se empezó a resquebrajar. La blanda de ella.