Ocurre. Conoces un sitio y te gusta, comienzas a pasearlo y todo a tu paso te agrada, la luz, los colores de la tierra, las plantas, las formas, los volúmenes, las distancias. Te sientes entonces liviano, difuso, tranquilo.

A veces ocurre que aunque tu amor por una tierra es el que es, el de siempre, descubres que podrías dejar tu corazón en otro lugar y ser feliz en ese entorno. Que la inspiración del paisaje es bastante para compensar el aislamiento y la distacncia. Y entiendes a César Manrique y querrías crear en esa tierra, para esa tierra, por esa tierra. Y sin darte cuenta ha pasado a ser ya parte de tus sueños.